Todo está en nuestra cabeza, los pensamientos son uno de los pilares fundamentales para una autoestima sana. El principal determinante de las emociones y conductas de una persona son sus pensamientos y creencias, es decir, la forma en que percibe y evalúa la realidad, gran parte del sistema de creencias está constituida por las creencias de cada persona acerca de si misma, es decir, la forma de percibirse y evaluarse, lo cual será el principal determinante de cómo se siente y actúa con respecto a sí misma.

La forma en que una persona percibe y evalúa la realidad, conformará su sistema de creencias respecto a sí misma y su realidad, y será el principal determinante de cómo  se sienta y actúe respecto a sí misma

Nuestros pensamientos hacen que nos veamos de una forma determinada, con lo que convertimos esa imagen en una creencia, y dichas creencias las convertimos en verdades absolutas que nos imponemos. Si pensamos que los demás son mejores que nosotros nos enfrentaremos a todas las áreas de nuestra vida partiendo de esa base.

En la mayoría de las ocasiones, cuando existe una autoestima baja, que sería la imagen negativa que uno tiene de sus fortalezas y capacidades, el diálogo interior se basa en pensamientos de inferioridad, incapacidad y comparación continua con otros que consideramos superiores. Esos pensamientos nos provocan sentimientos de inseguridad y de miedo, con lo cual nuestro comportamiento también tiende a ser muy inadecuado.

Cuando ocurren estas situaciones debemos revisar nuestros pensamientos de forma constante,

“qué nos estamos diciendo y eso que nos hace sentir”

y cambiar ese diálogo con afirmaciones positivas:

“yo puedo”, “yo soy capaz” “lo voy a conseguir”,

tomando conciencia de que esas afirmaciones son verdaderas y que no son imposibles de conseguir para nosotros. Eso nos ayudara también a observar un cambio más positivo en nuestras emociones y en consecuencia en nuestra conducta.

En una autoestima baja son muy frecuentes las conductas celosas. Un ejemplo son las relaciones de pareja, la persona al considerarse poco importante le aparece el miedo que su pareja encuentre a alguien mejor. A veces la conducta envidiosa nos lleva a compararnos con otros, pero pensando siempre que estamos por debajo de ellos y nunca alcanzaremos sus metas; con ello se consigue vivir en una continua frustración y baja autoestima. También solemos perder muchas oportunidades de trabajo, negocios, relaciones, por sentir que no estamos a la altura. Otras veces una autoestima baja nos puede generar un tipo de relación de dependencia emocional en la relación de pareja o de amistad, ya que por miedo a no encontrar a alguien mejor nos aferramos a esa relación aunque para nosotros sea tóxica.  O por el contrario al elegir una pareja que no nos respeta, que nos dice que no somos “suficiente” o nos trata mal, la autoestima se va debilitando hasta que el otro logra anularnos por completo.

Nuestra autoestima es esencial para nosotros, o sea, la imagen que tenemos de nosotros mismos con las cosas que nos identificamos, tanto a nivel de fortalezas y capacidades, como en el de sentirnos importantes y valiosos. Esto no significa que somos mejores que los demás pero tampoco peores.

Es importante creer que tenemos las habilidades y los recursos necesarios para abordar con éxito los retos que tengamos por delante, y saber que disponemos de la capacidad para desarrollarnos y conseguir los objetivos de forma realista, sin plantearnos metas que no están a nuestro alcance, pero tampoco sin dejar de luchar por muy complejos que sean nuestros objetivos.

Conseguimos mejorar nuestra autoestima aplicando esas actitudes. Por ello, es necesario que nos habituemos a trabajar con pensamientos positivos de forma consciente, que trabajemos para ser más asertivos, para poner límites a las personas que no nos respetan, para expresar lo que sentimos, para aprender a decir “no” sin miedo a que los demás se enfaden, nos rechacen o nos abandonen, para defender nuestros valores, opiniones y deseos de forma serena y respetuosa con los demás. Y si además, tenemos unos propósitos claros en nuestra vida que nos darán una dirección determinada, convertiremos todo esto en un hábito, fluiremos más y nos será mucho más fácil tener esa autoestima alta.

La gran mayoría de las personas tratamos por todos los medios de proteger nuestra autoestima. Con este fin utilizamos, de forma consciente o inconsciente, mecanismos de defensa, para defendernos de los demás, pero también de nosotros mismos, ya que muchas veces no distinguimos nuestras interpretaciones subjetivas de la realidad, y en infinidad de ocasiones distorsionamos dicha realidad. No obstante, ello no implica negar todos los aspectos de nuestra manera de ser que no nos gustan, o ignorar todas las actividades en las que nos sentimos incompetentes. Tergiversar excesivamente la realidad puede convertirse en un obstáculo a la hora de identificar defectos que podríamos y deberíamos cambiar, o a la hora de encontrar formas de mejorar nuestra manera de ser y nuestra calidad de vida.

Las personas de temperamento extrovertido y los caracteres optimistas, cuando cometen errores, no se sobrecargan de culpa y suelen pensar que las consecuencias serán pasajeras y se recuperarán. Por tanto tienden a juzgarse teniendo en cuenta sus características más positivas. Por el contrario, las personas de temperamento pesimista se acusan en exceso de lo sucedido y tienden a considerar que los efectos de sus desaciertos son irreversibles y les dejarán marcados para siempre.

Casi todos podemos permitirnos una cierta autocrítica razonable y sensata, sin caer en el autodesprecio. De hecho, los sentimientos normales de culpa y remordimiento son útiles porque nos ayudan a examinarnos, a cuestionarnos, a reconocer nuestros errores o excesos. Nos motivan a disculparnos, a ponernos en el lugar del otro y, si lo consideramos conveniente, a esforzarnos en cambiar con el fin de ser mejores para nosotros y para los demás.

Una autoestima alta  en ocasiones no significa necesariamente un signo de salud mental ni un rasgo beneficioso.

Lo que importa son las cualidades que las personas consideran relevantes a la hora de autovalorarse y el uso que hacen de ellas. Por esto, cuando hablamos de alta autoestima es necesario diferenciar la autoestima saludable o constructiva basada en cualidades que fomentan el sano bienestar del individuo y de los demás, en contraposición de la autoestima posesiva y destructiva que se alimenta del sentimiento de superioridad o de poder sobre los demás.

Todos los seres humanos sentimos la necesidad de aceptarnos y apreciarnos. La autoestima saludable es la autovaloración positiva que se fundamenta en rasgos sanos de la personalidad, como la capacidad de amar,  y se manifiesta en actitudes justas o éticas, y en conductas constructivas y socialmente provechosas.

Esta autoestima es, además, un ingrediente determinante de nuestro equilibrio emocional, de nuestra sintonía interior, de nuestra integridad como individuos, de nuestro sentido de seguridad y de una buena disposición hacia la vida.

 

María Dolors Reñé Prats

Psicóloga Clínica – Praxis Centre Psicològic

 

 

 

Anuncios