A menudo nos preguntamos, ¿qué motiva a las personas a recurrir a la agresión cruel contra sus semejantes? Desde no hace mucho tiempo era habitual, en la opinión de muchos expertos, la creencia de que la mayoría de los actos violentos eran realizados por individuos con complejo de inferioridad, gente frustrada consigo misma, que buscaba apaciguar su autodesprecio agrediendo a personas vulnerables.

Numerosos estudios demuestran, en contra de esa idea generalizada que, es el sentido de superioridad, de la alta autoestima destructiva y su consiguiente mantenimiento, una de las razones más comunes que impulsan a las personas a utilizar la violencia. Ello es una característica bastante común de individuos llamados narcisistas con un alto nivel de autoestima. Esta forma de ser suele ponerse de manifiesto durante la adolescencia, y normalmente persiste a lo largo de la vida.

Hay por tanto que distinguir claramente entre alta autoestima saludable y constructiva, que se basa en una autovaloración global positiva de sus virtudes, capacidades y comportamientos gratificantes (que alimentan su sano bienestar, el propio desarrollo y el de los demás), de la alta autoestima narcisista o destructiva, la cual se basa en utilizar las habilidades y talentos que nutren el sentimiento narcisista de superioridad, de poder, de dominio y de manipulación sobre los demás.

Los individuos narcisistas son egocéntricos, egoístas, que no ocultan la veneración que sienten hacia sí mismos. Algunos son verdaderos ególatras, poseen un sentimiento inflado de sí mismos, con tendencia a vanagloriarse de sus propias aptitudes;  son petulantes, engreídos y desdeñosos, y en la mayoría de las ocasiones tratan a los demás con desprecio, como seres inferiores.

Estas personas mantienen un «gran ego» que alimentan a base de dirigir exclusivamente su afecto y admiración hacia sí mismos, aunque carezcan de motivos o logros objetivos para hacerlo. Su gran problema es su incapacidad para amar y sentir empatía por los demás, o sea, comprenderlos y ponerse en su lugar para una relación afectiva y de convivencia.

La empatía es la cualidad natural positiva que permite a las personas amarse, convivir y relacionarse afectivamente unas con otras.

Los comportamientos prepotentes y agresivos de las personas narcisistas se llenan de consecuencias muy desagradables y negativas tales como desánimo, desesperación, dolor emocional, miedo, estigma de inferioridad e impotencia, entre otras, que las sufren las personas con las que se relacionan. He ahí algunos ejemplos:

Prepotencia y abuso de poder

La personalidad narcisista deriva en la prepotencia, por tanto, estas personas no dudan en utilizar la fuerza física o mental, el poder económico o político, o la información que poseen, cuando se proponen someter y humillar a sus semejantes.

Individuos que emiten rayos de autosuficiencia, de invulnerabilidad y con el orgullo de estar siempre en posesión de la verdad, existen en todos los niveles y ámbitos sociales, en las relaciones laborales (mobbing) y en las organizaciones de todo tipo. También, aunque más ocultos, existen tipos narcisistas que hacen estragos en el seno familiar y en el ámbito escolar.

Esta presunta supremacía moral y el orgullo de estar siempre en posesión de la verdad (en el caso del terrorismo se alimenta además de fanatismo religioso), han servido y aún sirven de justificación a todo tipo de atrocidades y exterminios de grupos humanos por motivos de política, religión o raza. Utilizan una lógica grandiosa y desprovista de compasión, con excusas políticas o religiosas, eludiendo los inmensos sufrimientos de sus víctimas. Justifican sus crímenes brutales con una meta superior, que vinculan con su misión especial en este mundo, lo que les hace sentirse a ellos también superiores.

Orgullos heridos

La autovaloración del narcisista, sin embargo, es muy vulnerable. De hecho, hay personas de alta pero frágil autoestima, que tienden a responder con violencia física o psicológica cuando alguien cuestiona su valía intelectual (con lo cual difícilmente demuestran ningún tipo de inteligencia), pero sí les ayuda a compensar de momento la humillación.

Las heridas del «ego» narcisista son siempre lacerantes y peligrosas, sobre todo si ocurren en público.

En ocasiones, todos podemos encontrarnos en una situación de ridículo, incluso vivir una situación vergonzosa que puede provocar la risa y la burla de los demás, consecuencias que se olvidan con bastante rapidez. Sin embargo, para los caracteres narcisistas, exponerse al menosprecio de alguien supone una ofensa inolvidable e imperdonable. El orgullo narcisista herido se convierte en una especie de bomba de relojería y la tolerancia es cero, por lo tanto con consecuencias  imprevisibles.

Verdugos soberbios

En muchas investigaciones se confirman la alta autovaloración de sí mismos que muestran jóvenes y adultos con una fuerte inclinación a conductas antisociales. Mantienen su alta autoestima a costa de robársela a otros. Es el caso de muchos maltratadores en la intimidad, de violadores, de acosadores escolares, etc.

Los tipos antisociales narcisistas que se autovaloran altamente se distinguen por su fuerte propensión y habilidad para el engaño, la manipulación psicológica de los demás y la racionalización de sus actos.

Ignoran los derechos de los demás sin escrúpulos, sin compasión, sin culpa, sin remordimiento. Buscan situaciones de protagonismo en el contexto de la explotación de la víctima. Su objetivo es el control sobre la vida de seres que consideran vulnerables. En el caso extremo de psicópatas narcisistas, por ejemplo violadores, forzar a alguien a soportar dolor y humillación sin que pueda defenderse es la fuente más gratificante de poder, pues convierte a la víctima en una posesión, en una propiedad.

En el mundo de las relaciones de pareja está claro que hay que distinguir desde el más o menos sutil manipulador (que pone en duda las cualidades, opiniones, la competencia y la personalidad de la pareja, la critica sin parecer que lo hace, la desvaloriza, juzga y controla, entre otras lindezas), hasta los innumerables ejemplos de violencia domestica, que por desgracia vemos a menudo en los informativos.

La motivación fundamental del verdugo es satisfacer el ansia de dominio sobre la otra persona, controlándola e imponiéndose a la fuerza y provocando su absoluta sumisión y obediencia.

Un ingrediente frecuente de los malos tratos en la intimidad son los celos, que combinan la sospecha de infidelidad con el derecho de poseer en exclusiva a la pareja. Estos celosos graves niegan la identidad y la autonomía de la otra persona.

El acoso escolar, llamado bullying, es otra forma de violencia en la que la alta autoestima narcisista destructiva juega un papel fundamental.

Las agresiones pueden ser muy variadas, desde empujones, collejas, patadas o abusos sexuales, hasta insultos o burlas humillantes, pasando por gesticulaciones hostiles y vejatorias, robos, marginación o exclusión social, bromas crueles, difusión de rumores denigrantes o acusaciones falsas.

Los acosadores suelen ser chicos y chicas provocadores que se autovaloran, en gran medida, por su capacidad de dominar física o emocionalmente a sus compañeros. Los varones acosadores tienden a utilizar la agresión física y verbal. Las chicas también participan, pero suelen recurrir a la marginación, los bulos y la manipulación de las relaciones personales.

El estigma de inferioridad y de impotencia que marca a los chicos acosados explica el hecho de que, en ocasiones, no se atrevan a revelar su situación a sus familiares y expresar su problema ante los responsables del colegio. La mayoría de las víctimas del ensañamiento escolar son chicos y chicas pacíficos, tímidos, introvertidos y, sobre todo, vulnerables. Si este comportamiento de acoso se prolonga en el tiempo, el miedo crónico y el sentimiento de indefensión socavan seriamente la autoestima y el equilibrio emocional de estos jóvenes.

La relación entre alta autoestima narcisista y la inclinación a la violencia no implica una relación causa-efecto; es una relación de correspondencia recíproca entre las dos, es decir, la personalidad narcisista no es necesariamente causa de violencia, pero cuando ésta última se da, ambas suelen ir de la mano. Por otra parte, aunque las consecuencias de sus actos son realmente muy dramáticas y llamativas, por suerte en nuestra sociedad, estas personas son una minoría.

 

María Dolors Reñé Prats

Psicóloga Clínica – Praxis Centre Psicològic

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