El dejar de comer de forma sistemática y continuada deriva hacia la enfermedad alimentaria conocida como anorexia. El comer de una forma compulsiva y ansiosa lleva a las personas hacia otros trastornos alimentarios conocidos como bulimia o el trastorno por atracón.

De la misma forma, el rechazar un conjunto de alimentos o ser muy selectivo con los que conforman la dieta (eliminando alimentos necesarios para la correcta nutrición) también deriva hacia un trastorno alimentario denominado Trastorno de evitación y/o restricción de ingesta de alimentos, ARFID (Avoidant/Restrictive Food Intake Disorder). Esta patología fue incluida en la última revisión del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-V).

“Rechazar un conjunto de alimentos o ser muy selectivo con los que conforman una dieta equilibrada no es un capricho, es un trastorno alimentario”

Este trastorno, denominado ARFID, es una alteración de la conducta alimentaria, que no cuenta calorías, que no induce al vómito, pero que sí margina las comidas por su olor o textura, que sólo selecciona unos pocos alimentos como fuente de alimentación, con lo que provoca un desequilibrio nutricional muy grave a la persona que lo sufre.

ARFID, se define por una incapacidad persistente para satisfacer las necesidades nutricionales y/o de energía apropiadas para el buen funcionamiento del organismo. Esto provoca, además de desnutrición, un importante aislamiento social y emocional al que lo sufre, además de un impacto negativo en el funcionamiento en la familia de dichos jóvenes, que son mayoría que la padecen.

Pediatras especialistas en trastornos alimentarios afirman que quienes sufren ARFID se pueden agrupar en tres grupos:

  • Los que muestran una aparente falta de interés en los alimentos, con lo que no comen lo suficiente y no muestran interés en alimentarse.
  • Los que evitan y sólo aceptan una dieta limitada en relación a las características sensoriales como color, textura, consistencia, olor o sensación que les provoca.
  • Los que rechazan la mayor parte de los alimentos por las consecuencias aversivas de comer, o sea, el hecho de tener miedo a comer después de haber vivido un episodio aterrador de sensación de asfixia por atragantamiento o vómitos, al haber comido dichos alimentos.

El problema de las personas con el trastorno de alimentación selectiva/restrictiva, ARFID, es que pese a que tienen el acceso y la posibilidad de comer, rechazan de forma manifiesta la comida, y por consiguiente, las personas no son capaces de tener hacia sí mismos una alimentación adecuada y equilibrada a través de su dieta. Esta conducta favorece y mantiene unas condiciones deficientes en el aporte energético y nutricional de su organismo.

El rechazo es activo. Se trata de negarse a ingerir de forma consciente grupos de alimentos, y los problemas o dificultades que motivan dicha aversión son múltiples: miedo, asco, o no tolerar sabores o texturas, imponiéndose además la elección de porciones muy pequeñas e insuficientes para la alimentación.

“Existe una incapacidad persistente para satisfacer las necesidades nutricionales y/o de energía apropiados para el buen funcionamiento del organismo”

Esta restricción o drástica selección de los alimentos de la dieta puede desembocar con el tiempo en una anorexia nerviosa, pero también puede que no ocurra ya que no es la finalidad del trastorno. Sin embargo, lo más preocupante es que como la principal incidencia de esta enfermedad es en la infancia y la adolescencia, las consecuencias son muy dramáticas. Los niños y adolescentes están en pleno desarrollo físico e intelectual, con lo cual repercute en su desarrollo, en su estado nutricional y de energía, y en sus capacidades cognitivas y de rendimiento escolar.

“La principal incidencia de esta enfermedad es en la infancia y la adolescencia”

Es habitual encontrar en la lactancia y hasta la edad preescolar el comer selectivamente o de forma restrictiva, puesto que del 25 a 50% de los niños en estas edades tienen algún grado de dificultad con la alimentación. Esta selección se explica por las dificultades de adaptación del bebé a ciertos alimentos, a su textura, a su consistencia, a su color y a su olor, entre otros. La progresiva adaptación a los mismos de forma gradual va disminuyendo a medida que el niño crece, y es sobre los 6 años que la mayoría de los niños superan dichos problemas. Sin embargo, alrededor de un 10% de niños continuarán creciendo, aún, con problemas crónicos de alimentación.

Los síntomas que caracterizan el trastorno de selección/evitación de alimentos necesarios para una correcta nutrición son los que siguen:

  • El índice de prevalencia del trastorno es mayor, según los estudios, en niños que en niñas, y su inicio es a edades muy tempranas. Puede confundirse con mala educación alimentaria o con niños consentidos, y quedar oculto hasta que sus consecuencias médicas, por su gravedad, obligan a activar protocolos de trastornos alimentarios.
  • Conforme pasa el tiempo, se afianza y no mejora. El estado de ánimo, al contrario que con la anorexia y la bulimia, no se ve fuertemente alterado. Sin embargo, el miedo al atragantamiento y a sufrir alergia, así como la necesidad de elegir, es una característica relevante de dicha patología.
  • Existe una deficiencia nutricional significativa. La pérdida de peso es una consecuencia del trastorno, y la imposibilidad por aumentar de peso es un componente negativo que provoca desnutrición, una ralentización del crecimiento y un bajo rendimiento cognitivo en el desarrollo del afectado.
  • Ante la falta de nutrientes en la dieta, presenta a menudo una dependencia a los suplementos nutricionales o vitamínicos.
  • Existe una marcada interferencia con el funcionamiento psicosocial del afectado, y en la mayoría de las ocasiones está significativamente comprometido. Hay un gran abanico de conductas de evitación social en las que interviene la comida que desarrolla el que sufre dicho trastorno. Las alteraciones en la actividad social se centran en no poder comer en casas de amigos, restaurantes y en situaciones públicas en general, donde la comida esté presente. La persona con este trastorno evita estas situaciones por temor a exponer sus limitaciones frente a los demás, o por no querer estar en dichos lugares ya que puede que no estén disponibles los pocos alimentos que sí come.
  • El rechazo a un alimento o un conjunto de alimentos no se justifica porque haya carencia o desconocimiento cultural del mismo.
  • El trastorno alimentario no es atribuible a una condición médica concurrente o no se explica mejor por otro trastorno mental. Se produce como una patología en sí misma.

“El funcionamiento psicosocial del afectado en la mayoría de las ocasiones está significativamente comprometido”

Las diferencias entre la alimentación selectiva/restrictiva (ARFID) y los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) alteraciones tales como la anorexia, bulimia o trastorno por atracón son:

Imagen corporal: los TCA sufren alteraciones en su imagen corporal y sobreevaluación de su peso y figura, los ARFID no tienen problemas de imagen corporal.

Razones para no comer: los TCA utilizan el no comer como mecanismo para el control del peso, los ARFID las razones para no comer no es por el peso; el motivo es la evitación por disgusto o por temor a la comida, o a sufrir atragantamientos o vómitos.

Calidad del alimento: en los ARFID no tienen en cuenta el aporte calórico de una comida, incluso en ocasiones preferirán alimentos más procesados o grasos, a diferencia de los TCA que eligen alimentos que consideran saludables basándose en su escaso aporte calórico.

Edad de inicio: según la Asociación Americana de Psiquiatría, la anorexia se inicia a la edad promedio de los 15,6 años, la bulimia a los 16,5 y el ARFID a los 12,9.

Sexo: ARFID afecta en mayor porcentaje a varones, en contraposición de los TCA donde por cada diez casos de mujeres, afecta a un varón.

Relación con la ansiedad y depresión: en los ARFID es más frecuente que sufran ansiedad que depresión, mientras que en los TCA pueden estar afectados por ambos.

Otras: hay más incidencia de reflujo gastroesofágico o alergias alimentarias en ARFID que en los demás trastornos alimentarios.

El trastorno por restricción y/o evitación ARFID, como cualquier trastorno de la conducta alimentaria, tiene su origen en un problema emocional, además de una mala educación o aprendizaje de la conducta alimentaria.

La terapia cognitivo-conductual es un método eficaz para el tratamiento de todos los trastornos de la alimentación. Además es adecuado en dichos casos, tratar el trastorno de forma global y desde una atención multidisciplinar, ya que los tratamientos que mejores resultados se obtienen son aquéllos que cuentan con la atención simultánea de varios profesionales, en este caso psicólogo y dietista.

Los comportamientos de evitación que caracterizan los ARFID necesitan de las intervenciones conductuales, con terapias de exposición, que pueden ayudar de forma notable a la mejoría del trastorno. Por otro lado es necesario un planteamiento  cognitivo para solucionar los problemas tanto de tipo emocional como de aprendizaje y restablecimiento de las conductas alimentarias adecuadas.

Es importante también, tratar con técnicas cognitivo-conductuales los trastornos de ansiedad y depresión que puedan estar asociados al trastorno alimentario, y además realizar una terapia familiar en la que debería incluir un “re-aprendizaje de alimentación saludable” para la mejoría global del trastorno.

 

María Dolors Reñé Prats

Psicóloga Clínica – Praxis Centre Psicològic

 

 

 

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