¿Qué aporta a las ciencias sociales el concepto de Resiliencia? Proviene del campo de la física y allí se define como la capacidad que poseen los materiales de recuperar su estructura y su forma original cuando se les fuerza a cambiar o a deformarse bajo una presión.

Cuando lo aplicamos en psicología, resiliencia (o afrontamiento) se define como:

“la capacidad de la persona a superarse, madurar y adquirir una mayor competencia frente a situaciones adversas”

Para ello cuenta con la ayuda de sus recursos biológicos, psicológicos y del ambiente, y con su actitud, es decir, en vez de debilitarse y frustrarse, sobreponerse  y salir de dicha situación más fortalecida.

Michael Rutter neurólogo y pediatra, en 1972 acuñó el concepto de resiliencia; según él:

la resiliencia se entiende como la variación individual en la forma en la que las personas responden a los riesgos a lo largo del tiempo

Este perfil de resiliencia está presente tanto en el individuo como en el contexto ambiental, y se pone en evidencia sólo en situaciones críticas, mientras que no actúa en condiciones de bajo estrés.

Michael Rutter en sus estudios sobre niños a los que las dificultades no les afectaban, demostró que el concepto de que esos niños eran invulnerables no era correcto. Sus investigaciones dieron paso al concepto de resiliencia basándose en tres aspectos: las diferencias individuales en las situaciones de riesgo, estudios sobre el temperamento y las diferencias al enfrentamiento ante situaciones cotidianas.

El concepto resiliencia fue adaptado a las ciencias sociales para caracterizar aquellos chicos que, a pesar de nacer y vivir en situaciones de alto riesgo, se desarrollaban psicológicamente sanos y exitosos. Estudios basados en la observación de niños criados en familias con diversos factores de riesgo, y que a pesar de eso, salían adelante y superaban las dificultades a los que estaban expuestos, logrando una calidad de vida adecuada.

En la resiliencia existen dos conceptos importantes: la vulnerabilidad y los mecanismos protectores. Han sido definidos (Rutter, 1990), como la capacidad de modificar los resultados, que tienen las personas frente a las situaciones de riesgo. Ambos son procesos interactivos y se relacionan con momentos claves en la vida de una persona. Una misma situación puede actuar bajo distintas circunstancias, tanto de factor de riesgo como de protector. Por ejemplo, para un adulto el hecho de perder el trabajo puede provocarle una depresión, y sin embargo el hecho de estar desempleado por un tiempo prolongado, puede actuar como factor de protección en relación a otros acontecimientos vitales amenazantes.

Reichters y Weintraub (1990) consideran que los mecanismos protectores tanto pueden ser los recursos del ambiente que disponen las personas, como la capacidad que éstas tienen para adaptarse a las situaciones.

Según Werner (1993) los factores protectores operarían a través de tres mecanismos diferentes:

  • Compensación: Significa que podemos contrarrestar el estrés gracias a factores complementarios de la personalidad o al apoyo de otras personas. Nos puede ir mal un examen, pero no por eso desmoronarnos, pues alguien nos apoya o somos muy buenos en otras áreas que también valoramos.
  • Desafío: Significa que ante una situación de estrés, podemos enfrentarnos a ella, como si fuera un reto; ahora bien, ese reto no debe ser desproporcionado a los recursos de la persona, y entonces el estrés se asume como una competencia o capacidad personal.
  • Inmunidad: Significa que existe una relación de causa efecto entre la situación de estrés y nuestras capacidades de sobreponernos al mismo. Así, un relámpago puede resultar excitante o aterrador, y su impacto producirá diferente efecto, dependiendo del nivel de tolerancia y de adaptación al estrés de cada persona.

La resiliencia puede verse como una capacidad que, ampliada, podría incluir otras cualidades beneficiosas en las personas, tales como: esperanza, tolerancia, resistencia, adaptabilidad, recuperación o superación de contingencias, autoestima, solución de problemas, toma de decisiones, y ecuanimidad ante presiones considerables.

Las personas que tienen esta habilidad, poseen una opinión de sí mismas que influye en sus conductas y en las destrezas que desarrollan. Esto a su vez tiene influencia en la valoración de sí mismas, con lo cual se produce un proceso dinámico continuo de retroalimentación, es decir, valoran sus propios recursos, actúan de una forma competente y esto les refuerza su opinión de sí mismas.

Algunas personas parecen traer desde su nacimiento cierta capacidad de tolerancia a las frustraciones, a las dificultades o las enfermedades. Sin embargo no es una habilidad que nace con la persona como algo especial, sino que todos podemos llegar a desarrollar dicha capacidad.

Cada persona afronta de distinta forma la adversidad y el estrés, pero una infancia infeliz no determina la desgracia para el resto de la vida. Sin embargo, el hecho de tener la capacidad de enfrentarse a las adversidades de forma madura y competente tampoco significa estar libre de conflictos, sino simplemente de tener la habilidad para resolver los problemas a medida que aparecen.  Con el tiempo esta actitud se va optimizando y mejorando.

Todos utilizamos diversas estrategias de enfrentamiento, ante las situaciones de estrés que nos produce un conflicto, pero algunas de ellas son factores de protección de las personas resilientes. Si queremos mejorarlas, sería conveniente desarrollar dichas competencias.

¿Cuáles son algunos de los rasgos de las personas resilientes?

Se sienten confiados y conocen sus potencialidades y sus limitaciones. El autoconocimiento es un arma muy poderosa para enfrentarse a las adversidades y  a los retos, y saben usarlas a su favor. Estas personas saben cuáles son sus principales fortalezas y habilidades, confían en sus propios recursos, y conocen sus defectos y limitaciones. Por tanto sus metas pueden ser más objetivas puesto que no solo tienen en cuenta sus necesidades y sueños, sino también los recursos que disponen para conseguirlas.

Son creativos, y tienen capacidades de planificación y de toma de decisiones. Saben planificar y organizar sus objetivos, con habilidades para solucionar dificultades y tomar decisiones, ya que muestran una actitud activa ante el estrés. Su iniciativa y creatividad les ayuda a hacerse cargo de los problemas, responsabilizarse y ejercer control sobre ellos.

Las dificultades se las plantean como una oportunidad para aprender. Ante circunstancias dolorosas de la vida, son capaces de ver más allá y no desanimarse.  Evalúan objetivamente el problema y los recursos propios, buscan posibles soluciones. Las crisis se plantean como una oportunidad para generar un cambio, para aprender y crecer,  ya que el futuro depende de la forma en que reaccionamos.

Intentan observar la vida con objetividad y plenitud. Son  conscientes de que nada es completamente positivo ni negativo; por tanto, intentan centrarse en los aspectos positivos y disfrutan de los retos. Estas personas razonan que, ante un mal día, el siguiente puede ser mejor. Viven el aquí y ahora, o sea el presente, aceptan las experiencias tal y como se presentan y disfrutan de los pequeños detalles de la vida.

Tienen sentido del humor y cultivan amistades optimistas. Se rodean de personas que mantienen una actitud positiva ante la vida y evitan los pesimistas, con lo que consiguen un sólido apoyo que les ayudará en los momentos de dificultad. Por otro lado, los resilientes son capaces de reírse de la adversidad, esto les ayuda a mantenerse optimistas y a enfocarse en los aspectos positivos de las situaciones.

No intentan controlar las situaciones. Las personas resilientes saben que es imposible controlar todas las situaciones, han aprendido a lidiar con la incertidumbre y se sienten cómodos aunque no tengan el control. Son flexibles, se adaptan a los cambios y a los obstáculos de la vida.

Manejan bien los errores. En su percepción, los errores son como experiencias para aprender y superarse; no para esconderlos ni tampoco para culpar a los demás por sistema. Atribuyen correctamente la responsabilidad del error a quién pertenece en realidad. Aprenden tanto de los éxitos como de los fracasos.

Aceptan el cambio como parte de la existencia. Todo cambia segundo a segundo. Es fundamental ser flexible y adaptable a los cambios. Estas personas no se cierran al cambio y siempre están dispuestas a valorar diferentes alternativas, sin aferrarse obsesivamente a sus planes iniciales o a una única solución. Es mucho más costoso y estresante resistirse al cambio, y hay que valorar que el cambio puede traernos cosas positivas.

Son tenaces en sus propósitos. Se distinguen por su perseverancia y su capacidad de lucha. Su gran motivación para conseguir lo que quieren les ayuda a mantenerse firmes en su propósito. Saben amoldarse a la realidad y aprovechar “el sentido de la corriente para fluir con ella”, con lo cual les es más fácil conseguir el éxito.

Son flexibles y equilibrados. Viven una vida basada en la ética, de sí mismos y de los demás. Cumplen con las demandas de la vida, pero saben detenerse a descansar y regenerarse. Saben compartir tiempo con los seres queridos, así como balancear sus necesidades de empatía y sus aptitudes para brindarse a los demás.

Buscan la ayuda de los demás y el apoyo social. Ante un suceso traumático, su intención es superarlo; por tanto son conscientes de la importancia del apoyo social que disponen, y no dudan en buscar ayuda especializada cuando lo necesitan.

 

Según Heráclito “nunca nos bañamos dos veces en el mismo río”

“Y en el caso de la resiliencia pasa algo parecido, después de una dificultad, nunca se vuelve al mismo punto de origen”

“No somos gomas elásticas pero cada dificultad o cambio nos influyen y todos ellos tienen la capacidad de transformarnos”

“Sabemos que suelen llegar en el momento más inoportuno, aunque tampoco se sabe cuál es el momento oportuno, el reto es entender la dificultad como una invitación a dar lo mejor de nosotros mismos.

 

María Dolors Reñé Prats

Psicóloga Clínica – Praxis Centre Psicològic